viernes, 12 de octubre de 2012

Las Reglas de Discernimiento Ignacianas



 



En el libro de los Ejercicios aparecen dos series de Reglas de discernimiento que son quizá uno de los elementos del discernimiento ignaciano que más se ha popularizado.
También desde esta óptica y desde la perspectiva de nuestra vida cotidiana, al comienzo de las reglas nº 313 San Ignacio dice el fin último y el sentido de esas reglas.
El encabezamiento de esos dos conjuntos de reglas es como decía: “reglas para de alguna manera sentir y conocer las varias mociones de que causan en el alma”.
¿Cuál es la finalidad de esas reglas?
Ayudar a conocer las mociones. Cuando nos ponemos en disposición de discernimiento a través de las cuales el Señor nos habla y se nos hace presente. Dice San Ignacio: “Reglas para en alguna manera sentir y conocerlas varias mociones que en el ánima se causan”, hablando de un conocimiento interno, nos habla de una sabiduría, no solo de un saber, y ese saber es en la práctica no en la erudición o gusto interior. Se trata de ayudarnos a saber cuáles mociones tengo que tener en cuenta y cuales tengo que desechar. Es importante sacar en la experiencia San Ignacio dice que las reglas nos podrán dar a conocer en alguna manera, por eso no son automatismos, sólo nos orientan, nos ayudan.
 Hechas esas reflexiones voy a traducir las más importantes de esas reglas.
San Ignacio nos pone 22 Reglas sacaré unas orientaciones básicas para nuestro discernimiento. Intento ser fiel a la intuición ignaciana, ser libre respecto del lenguaje. Nosotros hoy vivimos y formulamos la experiencia de Dios con un lenguaje distinto al que vivía y  formulaba San Ignacio en el Siglo XVI; las Reglas de discernimiento las formula como se formulaba en el siglo XVI la experiencia de Dios. Ahora hay que traducirla al modo como vivimos hoy la experiencia de Dios, no literalmente, hay que tener la libertad de traducir esas reglas a nuestro lenguaje desde la fidelidad a San Ignacio.
Experimentamos en nuestro interior sentimientos y mociones que percibimos; si vivimos con atención, si examinamos, percibimos distintos sentimientos. Dicho de otra manera las cosas, las personas, los acontecimientos no nos dejan indiferentes sino que repercuten en nosotros, cuanto más atentos estemos más nos damos cuenta de eso, ese lenguaje interior es mediación de Dios especialmente en la situación de discernimiento.  Por eso es bueno captarlas porque nos ayudarán a vivir según Dios, es decir, a la hora de tomar decisiones evangélicas no debo atender, conocer, también, los sentimientos y mociones, los movimientos interiores.

Los sentimientos no significan siempre lo mismo, varían en función de nuestra situación en el momento vital, eje, es lo que Ignacio llama situación de 1ª semana, o de 2ª semana. Un sentimiento de desazón cuando estamos en una dinámica negativa de vida es un movimiento del  buen espíritu, una llamada de Dios a cambiar, a salir de esa dinámica; siento que eso no me contenta, eso es una llamada de Dios. Cuando estoy en una dinámica negativa de vida y me hace sentir insatisfecho, eso es del buen espíritu, hay que atender eso, esa insatisfacción es positiva.
Si estoy en una dinámica de vida buena la desazón es del mal espíritu es una tentación del mal espíritu para desanimarnos.  La pregunta clave: ¿qué siento y a qué me conduce?, me lleva a una mejor resolución… a hacer mejor bien, a sacar mejor provecho personal y comunitario, ¿es algo que ayuda?.
Ayer un sacerdote que acompaño, dice es que “yo tendría que hacer”… a ver yo tendría que hacer, ¿eso te distrae o te centra?, pues ese yo tendría que hacer aparentemente  bueno, te distrae de hacer a fondo y bien lo que tienes que hacer. Un mismo sentimiento tiene significados distintos en situaciones distintas.

1.                 Hay situaciones vitales en las que somos dominados por sentimientos  negativos y todo lo percibimos en los aspectos más oscuros: todos están mal, hay momentos en la vida en los cuales yo soy muy sensible a lo negativo, cuando nos encontramos en esa situación lo mejor es no tomar decisiones. En esas situaciones lo idóneo no es decidir sino analizar las causas de esa negatividad.

2.                 Los tiempos y las situaciones de crisis no son necesariamente negativos sino que pueden ser positivos si sabemos leerlos, analizar por qué estamos aquí y si somos capaces de hacer esto, los tiempos y situaciones de crisis no son negativos, nos pueden enseñar. Pueden tener sus efectos positivos si sabemos leerlos y, en su caso, aprender de aquello que nos ha llevado a tal situación.

3.                 También hay momentos en lo que vivimos con sensación de euforia. La positividad es buena y debe ser el estado habitual de nuestra vida. Puede haber situaciones de euforia que pueden ser engañosas. Una cosa es la positividad y otra la euforia, las situaciones de euforia hay que discernir y ser prudentes con las decisiones que tomamos en esos momentos.

4.                 En definitiva se trata de que no nos quedemos paralizados en las situaciones de negatividad, sino que intentemos leer su significado, analizar sus causas y actuar en consecuencia, ni entremos en dinámicas de actuación imprudente en los momentos de euforia.
En los momentos de negatividad la virtud necesaria es la paciencia, en los momentos de euforia la virtud es la prudencia. Calma.

5.                 El valor, la capacidad de hacer frente a las dificultades, de no empequeñecerse ante ellas; el autoconocimiento (conocer cuales son mis mecanismos de actuación habituales y mis puntos flacos); y la transparencia para formular y compartir mis situaciones interiores son elementos que me ayudan en los procesos de discernimiento  y toma de decisiones. El valor, el autoconocimiento, la transparencia.

6.                 Es importante en el discernimiento, atender a los procesos de las cosas; caer en la cuenta no solo de cómo empiezan, sino de cómo acaban, porque hay cosas que al principio las empezamos bien y después nos llevan por malos caminos, algo que es bueno al principio, puede acabar en algo negativo. Debemos estar siempre vigilantes. Puedo tener una llamada a hacer más oración pero con el paso del tiempo me está haciendo más soberbio, más distante, más duro en mis juicios a los demás, ¿Qué está pasando? Empieza con una cosa buena pero tienes que ver siempre a donde nos lleva, empieza pero mantente vigilante.

7.                 Hay que sospechar aquello que es muy estridente, muy chocante, muy espectacular, las cosas buenas entran suavemente en la vida, es lo consistente. Las buenas entran suavemente y van creciendo poco a poco, lo espectacular suele ser poco consistente.

8.                 Incluso cuando algo nos parece muy claro, muy evidente y nos deja muy satisfechos… permanezcamos atentos a los momentos posteriores a las decisiones “segundas”. Vigilantes, siempre debemos estar vigilante porque permanentemente podemos ser engañados y autoengañados.

Tenemos una tendencia a valorar la consolación y la desolación en términos sensibles y éstas según San Ignacio no se valoran en términos sensibles, sino en términos de aumento de fe esperanza y caridad. ¿La oración del huerto es una consolación o es una desolación? Todos diríamos que es una desolación porque en términos sensibles es una desolación pero ¿de dónde saca Jesús la fuerza para la pasión? Jesús dice: VAMOS, ese vamos es fruto de la oración del huerto.
¿Cuál es la oración más auténtica? La que me pone a los pies de los demás. Esa es la más autentica, la que me hace más abnegado, la que me pone al servicio y, a veces esa es muy sequita. No es la oración más autentica aquella en la que hago poesías, sino que la más auténtica es la oración que a veces es sin palabras, pero me siento cercano a su cruz, la asumo.  Lo importante no son los aspectos sensibles.  Lo importante de la oración, de una experiencia es: ¿dónde te lleva esa oración, te pone a los pies de los demás?, ¿esa oración te acerca a la cruz del Señor?, ¿esa oración te hace persona de esperanza?, esa es la pregunta al final.

       Dario Mollá sj

sábado, 31 de diciembre de 2011

Dios nos amó primero

CUANDO LLEGAS
Llegas,
Acampas en mi tierra,
Sacudes mis cimientos,
Rompes mis fronteras
Abres mis encierros.

Llegas
Y avivas
El hambre de Dios,
De verdad, de hermano,
De justicia,
De vida.

Llegas
Y amas
Mi pobreza,
Mi ayer entero
El ahora en su calma
Y su tormenta,
El mañana posible.

Llegas
Y conviertes
El sollozo en fiesta,
La muralla en puerta,
La nada en poema.

Llegas
Cargado de Ti y de otros…
Palabra con mil promesas
Humanas y eternas…

Llegas,
Despiertas el amor dormido,
Y te quedas

Texto: "Dios nos amó primero"



miércoles, 15 de junio de 2011

Ejercicios en la Vida Corriente (EVC)



San Ignacio comprendió muy bien, que no todo el que quiere hacer los Ejercicios Espirituales, según el método propuesto por él, puede disponer de 30 días para dedicarse a hacerlos con toda tranquilidad, sin tener que atender otros problemas y asuntos.

Vislumbró que hay hombres y mujeres con mucha disposición para esta experiencia espiritual; pero que no tienen tiempo ni posibilidades económicas para retirarse a algún lugar apartado durante tantos días, dejando trabajo y ocupaciones familiares.
Entendió que hacer los Ejercicios Espirituales, es decir, seguir este método y conseguir sus frutos:

+no puede ser “privilegio” de algunos pocos,

+no puede ser algo tan difícil, que sea prácticamente imposible el hacerlos,

+pero, es verdad, que tampoco son un camino demasiado fácil.


Por lo mismo, en el libro que San Ignacio escribió de los Ejercicios, colocó una “anotación” (una nota previa) la número 19, que es muy importante, y en la que se dice que una persona que no tenga tiempo ni posibilidad de dejar sus ocupaciones de trabajo etc., podrá “tomar una hora y media cada día” para poder hacer el retiro.
Por eso es necesario que sepamos adaptar el método de los Ejercicios, sin perder su valor fundamental, para poder conseguir los frutos que Dios nos puede ofrecer cuando hacemos los Ejercicios Espirituales.
Lo más importante en los Ejercicios, no es el tiempo que dediquemos a la oración, o el sitio en que la hagamos, sino que lo fundamental, lo que no nos puede faltar a los que queremos hacer esta experiencia espiritual de los Ejercicios en la Vida Corriente (EVC), es seguir el método, la manera como San Ignacio nos dice que tenemos que hacer y vivir este camino espiritual.


sábado, 30 de abril de 2011

A la luz de tu figura


Señor Jesucristo,
que tu presencia inunde por completo mi ser,
y tu imagen se marque a fuego
en mis entrañas,
para que pueda yo caminar
a la luz de tu figura,
y pensar como Tú pensabas,
sentir como Tú sentías,
actuar como Tú actuabas,
hablar como Tú hablabas,
soñar como Tú soñabas,
y amar como Tú amabas.

Pueda yo como Tú,
despreocuparme de mí mismo,
para preocuparme por los demás;
ser insensible para mí y sensible para los demás;
sacrificarme a mí mismo, y ser al mismo tiempo
aliento y esperanza para los demás.

Pueda yo ser, como Tú
sensible y misericordioso;
paciente, manso y humilde;
sincero y veraz.
Tus predilectos los pobres,
sean mis predilectos;
tus objetivos, mis objetivos.

Los que me ven te vean.
Y llegue yo a ser una transparencia
de tu Ser y de tu Amor.
Así sea.


Para introducir la Segunda Semana de Ejercicios, aparece la meditación del Rey Eternal... Algunos artículos pueden iluminar el sentido hondo y profundo de este llamamiento:

sábado, 23 de abril de 2011

La Tumba Vacía


"Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas, y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo... "(Mc 16,1-8).

El final del evangelio según Marcos es así de abrupto. No acaba, como los otros, con apariciones del Resucitado ni con envío de éste a los Doce ni con palabras de consuelo o de ánimo. Hasta tal punto debió resultar chocante para las primeras comunidades que se le añadió, más tarde, un final más acorde con el de los otros evangelios.
Pero nosotros vamos a detenernos en el final primitivo y a tratar de desentrañar lo que encierra para nosotros por debajo de su aparente extrañeza.

En primer lugar, encontramos a unas mujeres «miróforas», es decir, portadoras de perfumes, que madrugan para ir a embalsamar el cuerpo de Jesús. La alusión al «primer día de la semana» y a la «salida del sol» acompañan su aparición en escena sumergiéndolas en un universo de nuevas significaciones: estamos en el comienzo de la nueva creación y la luz del Resucitado las envuelve en su resplandor.
Son conscientes del tamaño de la piedra y de su imposibilidad de moverla, pero eso no es un obstáculo en su determinación de ir a embalsamar el cuerpo de Jesús.
El joven sentado al lado derecho y vestido con una túnica blanca les dice: «No temáis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el crucificado, no está aquí. Ved el lugar donde lo pusieron».
Los títulos que se dan a Jesús: «Nazareno» y «Crucificado» nos remiten necesariamente al primer capítulo de Marcos: «Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios» (Me 1,1) y nos hacen comprender algo del «proyecto teológico» del evangelista: los dos títulos del comienzo se van llenando de un contenido sorprendente según va avanzando su libro y el lector/catecúmeno va aprendiendo con asombro que el modo concreto elegido por el Padre para su Cristo y su Hijo no es el del triunfo, la gloria, el poderío o el resplandor luminoso sino la oscura condición de un nazareno tenido por «uno de tantos» y el destino trágico de una muerte en cruz.

Al llegar al final del evangelio de Marcos ya nadie puede engañarse: para reconocer al Cristo Hijo de Dios hay que bajar y no subir, hay que contar con el fracaso y con el dolor, hay que hacer callar a muchas imágenes falsas de Dios para abrirse a la que se nos revela en aquel galileo crucificado fuera de las murallas de Jerusalén.
Por eso el final convoca a una cita en Galilea: «Id a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea: allí le veréis, como os dijo». Cada seguidor del Cristo Hijo de Dios tendrá, a su vez, que dar contenido a su condición de discípulo en la Galilea de su vida, tendrá que ir verificando la autenticidad de su seguimiento en el esfuerzo por ir acompasando su camino al de aquél que pasó haciendo el bien y no rehuyendo ningún quebrantamiento ni ninguna dolencia, sino haciéndose próximo a todo ello para sanarlo cargándolo sobre sí.
El temor de las mujeres y su silencio se convierten así en un-«cortejo adecuado» para el itinerario al que se invita al cristiano: ir a Galilea no es fácil y puede inspirar temor porque ahora ya sabemos cuál fue el final del que recorrió sus ciudades y sus caminos. Y lo que importa no es hablar sino seguir con atención el rastro de sus huellas.
Pero el anuncio encierra una promesa que es ya, de por sí, la mejor noticia: el que ya no se deja encerrar por la noche de sepulcro, ha tomado la delantera y espera en Galilea a los que quieran reunirse con él. Allí le verán.

Un romance castellano nos pone en la onda de cómo entender esas palabras:«Sólo digo mi canción a aquel que conmigo va...». Sólo encuentra al Resucitado el que se decide a encontrar al Crucificado. Sólo conoce a Jesús el que camina a su lado intentando hacer lo que él hizo. Sólo le reconoce quien va «teniendo parte con él» en el lavar los pies, servir a los hermanos y partir con ellos el pan.

Dolores Aleixander

Reglas de Discernimiento de la 1ª y 2ª Semana

domingo, 16 de mayo de 2010

Orar es



La actividad principal durante los Ejercicios es la oración, llegar al encuentro personal, íntimo, amoroso y real con Dios. Todo está dispuesto, cada momento para buscar este encuentro, para que la vida se ilumine, se fortalezca y encuentre sentido en Jesucristo, como camino, verdad y vida que nos revela el corazón de Dios. Te comparto estas oraciones, que pueden ambientar a lo largo de los Ejercicios este encuentro que buscamos.

También, comparto dos documentos que he encontrado en internet y pueden iluminar la experiencia de la espiritualidad ignaciana a los laicos: